No padezco la pesadilla de vivir
ni gozo la locura de las circunstancias.
No tengo miedo de mi misma.
Soy obvia en todo el sentido de la palabra.
No descubrí la verdad de la sensatez
para la reputación de mi decadencia
(en la lejanía era todo pecado)
Puedo transformar los titubeos
en un algo íntimo
que me dice que la soberanía existe.
Trato que me guste el paraíso cuando ruge,
y así me siento esta mañana.
Otra.
miércoles, 2 de marzo de 2011
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