domingo, 10 de febrero de 2008

Un asunto que no es erotismo

Hasta ayer era un padre ejemplar.
Hoy,
soy el amante
perverso
que se masturba
con tu foto
en cualquier lado.
Estás en cuclillas con el escote que explota entre mis manos.
Tu sonrisa de muralla china me desconoce sentado en una plaza, masturbándome.
Me masturbo en cualquier apestoso baño de bar.
Me masturbo en la cama al lado de mi esposa.
Me masturbo en el trabajo, debajo del escritorio
Y perdón por ser tan feliz.
Me odio por el placer.
Soy como un rayo de cobre al rojo vivo por tu piernas.
Me masturbo infeliz porque deseo tu cuerpo.
Ahora estás lejos.
Y te extraño como un meteorito extraña el pedazo de planeta
en la caída. Como una momia a su reinado.
Debería repetirme que el erotismo es una mentira.
Todo se hizo falso.
Lloro para siempre por el resto de mi vida,
y el semen rellenará las vísceras del universo y siento que será para siempre.
Te pierdo para toda la eternidad.
Me odio y suplico a Dios.
Te llamo y el silencio se apiada de mí
y me acaricia la cabeza con lástima.
Acaricio esa foto y la siento. La huelo y huelo el ácido perfume del esperma.
Maldito amor.
Tu cara me sonríe, los pechos turgentes me llaman.
Imagino la tirita de la bombacha brotando entre tus piernas.
Tu foto es lo mejor de mi.
Pero todo va a quedar pegoteado y solitario, escondido como una laucha en el rincón más rincón de mi placard.

Lloro y no me arrepiento.




Olga allí, y yo (Riqui) aquí.
4 de enero de 2007

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