y sigue lloviendo...
Lluvia. Lágrimas. Nadie.
Nadie aparece en la calle.
Ni caminantes que contrasten con mi aspecto.
Gotas de lluvia encajan en mis lágrimas secas.
Soy un fantasma que se asoma a las sombras.
La humedad sale de todos los pasillos
y se desliza por mis piernas como babosas.
La fatiga se ha quedado sentada en el umbral hirviente.
Mi vejiga convulsiona
y el orín se derrama como huellas
de algunos desorientados transeúntes.
Historias que se escriben con la sangre de miles de seres
honrados por el abismo del anonimato.
La ciudad desaparece en pequeñas crueldades cotidianas:
Culebras de piernas cortas detrás de las columnas,
montañas de colchones malolientes,
trapos sucios y bolsos destripados entre la basura.
El ahora en fragmentos.
Como restos de un pasado que ya ni se recuerda.
Olga Ravelli
7 de febrero de 2005
(A un mes…)
miércoles, 20 de junio de 2007
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